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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Iñigo Cabacas, un año de impunidad



La muerte de Iñigo Cabacas sigue sin esclarecerse un año después.

La muerte de Iñigo Cabacas sigue sin esclarecerse un año después.

Tal día como hoy hace un año un pelotazo disparado por la ertzaintza segó la vida de un joven seguidor del Athletic mientras celebraba la eliminatoria que acababa de superar su equipo contra los alemanes del Schalke 04. Han pasado 365 días y las circunstancias de la muerte de Iñigo Cabacas siguen sin aclararse. Por eso suena ahora a sarcasmo aquella promesa del entonces lehendakari Patxi López de «aclarar hasta el último extremo las causas y las circunstancias» de su muerte. Rodolfo Ares, entonces máximo responsable de la ertzaintza como consejero de Interior, también prometió realizar «una investigación transparente, con rigor y eficiencia, con depuración de responsabilidades, cueste lo que cueste». Palabras que se llevó el viento, lo mismo que las promesas de crear una comisión de investigación independiente, como pidieron Aministía Internacional y los parlamentarios del PNV y Aralar en Gasteiz.

Ares también anunció el cese de la utilización de pelotas de goma a partir del 1 de enero de 2013 tras reconocer su peligrosidad. Los cuerpos policiales, no solo la ertzaintza, siguen utilizando el mismo material y siguen interviniendo con el rostro cubierto y sin ninguna identificación visible, como cuando mataron a Iñigo Cabacas.

A día de hoy solo ha trascendido un dato a través de un medio de comunicación: al parecer la orden de cargar la dio un oficial desde la comisaría de Deusto desoyendo a los agentes que estaban sobre el terreno, que veían que no estaba ocurriendo nada que hiciera necesaria aquella carga. No es mucho lo que se ha avanzado, ciertamente, teniendo en cuenta que hablamos de profesionales de la investigación a los que se les supone la suficiente capacidad y cualificación.

Se cumple un año de impunidad. Doce meses en los que nadie ha respondido penalmente por aquella muerte y en los que nadie ha asumido su responsabilidad política. A Rodolfo Ares le quitaron de la consejería las urnas, lo mismo que al lehendakari, pero permanecieron en sus cargos hasta el último día, lo mismo que el mando policial al cargo.

Tampoco eso sorprende a nadie en este país. Desde el momento mismo en el que trascendió que había un joven gravemente herido, todos los esfuerzos de la consejería se centraron en desviar la atención sobre lo fundamental expandiendo diversas cortinas de humo para sembrar la confusión y dirigir las sospechas hacia cualquier sitio excepto a la bocacha de la que salió aquella pelota.

Años de versiones oficiales increibles han desarrollado en la sociedad vasca un sexto sentido para recelar de lo que le cuentan las autoridades cuando ocurre algo como lo de aquella noche de abril. Pero los responsables de fabricar la versión oficial superaron todos los límites imaginables a estas alturas en su afán de convertir a la víctima en culpable. Pusieron en duda que fuera una pelota la causante de la herida mortal hasta que la autopsia les puso en evidencia. Justificaron su duda en el supuesto hallazgo en el lugar de los hechos de una porra extensible que, de paso, les servía de percha para deslizar la teoría de una pelea entre hinchas. Nunca enseñaron la famosa porra, porque nunca existió, ni nadie respondió por la flagrante mentira.

Buscaron cobertura en el hecho de que los sucesos ocurrieron en las cercanías de la herriko taberna de Indautxu, lo que en su lógica perversa convertía en sospechosos potenciales a todos los presentes y justificaba de una manera subliminal ante la opinión pública la utilización de material antidisturbios. Hablaron de una pelea previa y de unos heridos que nadie vio, de agresiones a las furgonetas policiales… No encontraron ningún testigo que corroborara su relato y había miles de personas allí aquella noche. Una manipulación de tal calibre hubiera desembocado en una cascada de ceses y dimisiones en cualquier otro país que no fuera éste. Aquí no ocurrió nada.

Algunos meses después el ararteko expresó su inquietud ante la falta de imparcialidad que apreciaba en los responsables de la investigación. Aquella inquietud se ha transformado ahora en la certeza de que en un año apenas se ha avanzado nada en el esclarecimiento del caso y ya hay quien se teme que nunca se sabrá quién efectuó el disparo.

Ha cambiado el gobierno y han cambiado los mandos policiales. Los nuevos responsables tienen una excelente oportunidad para demostrar a la sociedad que quieren aclarar hasta las últimas consecuencias las circunstancias de la muerte injusta y absurda de un chaval de 28 años que estaba celebrando el triunfo de su equipo. No es de recibo que un cuerpo policial sea incapaz de investigar lo que pasó, ni es creíble. No se trata de buscar venganza. Hablamos de justicia y de responsabilidades.

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